
He estado un tiempo perdida en un agujero negro del espacio, si.
Consciente y voluntariamente perdida, relajada, olvidada y olvidando, meditando, disfrutando de los amigos, la familia y el dolce far niente, o casi niente.
Lo necesitaba.
Ya hace días (muchos en realidad) que he vuelto al trabajo, y a la vida más o menos cotidiana.
Las cervicales me duelen otra vez, y mis tripas (mi punto flaco) se revuelven, indicativo de que el stress ha vuelto con intenciones de quedarse.
Lo que ocurre es que me pilla a mi con muy, pero que muy distintas intenciones.
Todo lo vivido y sentido este verano no puede irse por el desagüe sin dejar rastro, como si jamás hubiera estado ahí.
Y ahora, me encuentro como suspendida entre la realidad vieja, y la realidad que quiero, y me creo capaz de crear.
No queráis saber con que tenacidad los patrones antiguos se arrastran agarrados con fuerza a mis tobillos, suplicando y gimiendo, toda la dignidad perdida. Los pateo y se duelen con tanta fuerza que por momentos llego a pensar que soy yo quien siente ese dolor.
La inquieta y la impaciente protestan vigorosamente porque querrían ver definitivamente desterrados del panorama esos antiguos esquemas.
Dejar fluir, si, pero cuando en ese eterno fluir se te quedan algunas algas venenosas adheridas a la piel con empeño, hay que retirarlas, una a una, evitando traumas mayores, pero sobre todo impidiendo que sigan envenenando el espíritu y que, en su desordenada acumulación, te bloqueen el camino y te dejen varada en un recodo sombrío de la vida.
Consciente y voluntariamente perdida, relajada, olvidada y olvidando, meditando, disfrutando de los amigos, la familia y el dolce far niente, o casi niente.
Lo necesitaba.
Ya hace días (muchos en realidad) que he vuelto al trabajo, y a la vida más o menos cotidiana.
Las cervicales me duelen otra vez, y mis tripas (mi punto flaco) se revuelven, indicativo de que el stress ha vuelto con intenciones de quedarse.
Lo que ocurre es que me pilla a mi con muy, pero que muy distintas intenciones.
Todo lo vivido y sentido este verano no puede irse por el desagüe sin dejar rastro, como si jamás hubiera estado ahí.
Y ahora, me encuentro como suspendida entre la realidad vieja, y la realidad que quiero, y me creo capaz de crear.
No queráis saber con que tenacidad los patrones antiguos se arrastran agarrados con fuerza a mis tobillos, suplicando y gimiendo, toda la dignidad perdida. Los pateo y se duelen con tanta fuerza que por momentos llego a pensar que soy yo quien siente ese dolor.
La inquieta y la impaciente protestan vigorosamente porque querrían ver definitivamente desterrados del panorama esos antiguos esquemas.
Dejar fluir, si, pero cuando en ese eterno fluir se te quedan algunas algas venenosas adheridas a la piel con empeño, hay que retirarlas, una a una, evitando traumas mayores, pero sobre todo impidiendo que sigan envenenando el espíritu y que, en su desordenada acumulación, te bloqueen el camino y te dejen varada en un recodo sombrío de la vida.

