lunes 28 de abril de 2008

Motivaciones


He descubierto que "por mi salud", aunque parezca una locura (porque realmente mi salud lo necesita como el agua), no resulta un objetivo lo suficientemente motivador para perder peso.
A veces intenté inventar motivos, pero eso tampoco valía.
Y ahora de repente surgieron.
Quiero dejarme otra vez el pelo largo, quiero montar a caballo, quiero bailar otra vez.
Lo mejor de todo esto es que los motivos han llegado por si mismos, los motivos se han convertido en ilusiones (había olvidado qué era eso....).
Esta tarde haciendo la siesta incluso me dije a mí misma que voy a hacer ejercicios de técnica vocal todos los días para recuperar mi voz al cien por cien.
Al principio ni siquiera pensé que para apuntarme a danza jazz, equitación... necesitaré dinero, ese dinero que nunca tengo. Me asombró muchísimo no pensarlo.
Y luego pensé que el dinero llegará, que la prosperidad está ahí y sólo tengo que tomarla, vivirla, dejar de vivir encogida pensando que eso no es cosa mía.
Todo vino a mi alma sin esfuerzo, eso sí, después de años de esfuerzos (estériles?) para creer.
Ahora falta pasar a la acción.
Y eso fue otra sorpresa. No sentí esa imperiosa necesidad de "mañana empiezo...." (cien cosas a la vez que se quedan en flor de un día). Sin embargo sé que lo haré. Lo. Neutro, genérico, pero brillante como una fruta madura en lo alto de un árbol al que quiero subir.
Una fruta llena de tesoros, flexible, mutable y sin embargo estable.
Me encontré mal todo el día, fatiga, dolor de cabeza, pesadez, congestión. Ahora me dan ganas de reírme. Es como cuando un crío pega un tirón después de una gripe.
Me había hecho daño en una pierna, me lamentaba de que te marchabas, me dejabas sola y desvalida. Pero te fuiste. Sin estridencias, con todo el cariño, pero te marchaste. Lloré.
Tu sabes.
Y te lo agradezco.
Ahora estás en la cama y yo estoy insomne otra vez, pero no importa.
Los dos sabemos.

miércoles 16 de abril de 2008

Cortando flecos


Observo estos días que entre los cambios efectuados, uno va claramente en la dirección de cortar o modificar algunas relaciones.
Me asusta un poco eso, porque me conozco, y cuando me pongo a cortar flecos y a clarificar espacios, distancias, se que puedo ser, digámoslo por su nombre, bastante borde.
Así que me contengo, antes de decir una palabra intento sopesar si lo que voy a decir o cómo lo voy a decir es fruto de una transformación positiva, o si sólo porque ahora estoy diferente conmigo misma voy a soltar un chorreo al interlocutor, algunas cosas del cual al fin y al cabo siempre me crisparon, aunque quizás durante mucho tiempo asumí (sin pensar) aceptarlas con los ojos cerrados.
En este momento hay relaciones que necesito modificar, con cuidado, sin prisa, pero sin ambigüedad, y aún así, es un riesgo.
Hay relaciones que sencillamente necesito cortar. Esto es más duro. Pero razono conmigo misma para paliar los daños internos. El resumen de estos razonamientos vendría a ser: "ser buena persona no tiene nada que ver con ser gilipollas".
En algunas relaciones en concreto, es curioso que me cueste tanto encontrar el término medio entre dejar que la gente sea abusona, o ponerme rígida y desagradable. O quizás es que el tipo de personas que tienden a abusar de los demás sólo entiende ese idioma (el desagradable)?.
No si ya lo dijo una vez laquees, que al término medio ese parece que nadie lo conoce.
También me cuesta dilucidar a veces si alguien hace algo por mi sin más, o en ese caso sería yo la que estaría abusando.
Y principalmente me molesta horrores que la gente no me diga la verdad, o me diga medias verdades, o se dedique a la omisión cuando algo ocurre en realidad. Últimamente reacciono muy mal a eso. Al menos por dentro, o en familia. No se lo que se vera por fuera, pero que me ven rara, seguro.
Con las tijeras en ristre ando cortando flecos, y me da miedo herir, y herirme. Pero se que esos flecos no deberían estar ahí.
Sólo reivindico mi vida.

lunes 14 de abril de 2008

Changes


"Tenéis una tendencia a culparnos por vuestro karma. Creéis que no os guiamos. Que ni siquiera os damos pistas. Esto no es cierto. Os explico lo que os ocurre. Hace poco coloqué una moneda del Tíbet sobre la mesa de un discípulo, bajo una libreta que él utiliza habitualmente, con la ingenua esperanza de que él la viera cuando cogiera el libro para utilizarlo. Aquel día no lo cogió. Al día siguiente por la mañana la criada movió la moneda a otro sitio. Incluso en esa ocasión, nadie vio la moneda. Algo similar pasa con vosotros en relación a vuestro karma. Generalmente, estáis en las nubes de vuestros pensamientos. Por tanto, no podéis ver los regalos enviados y las pistas que os hemos dado. Intentad conseguir conocimiento de los alrededores y aprended a estar alerta. Os vendáis los ojos vosotros mismos y os quejáis de que permanecemos como espectadores silenciosos. Desarrollad un uso disciplinado de la energía cíclica. Os ayudará a estar alerta y a observar. Mantened vuestras antenas abiertas en todas las direcciones."
Maruvu Maharshi

viernes 11 de abril de 2008

Silencios

Hay silencios que necesito. Cuando estoy en la escuela y hay varios músicos tocando o cantando a la vez melodías diferentes, y griterío de niños, y entre lección y lección todo el que pasa cerca se atreve alegremente con el piano. A veces los encuentro por casualidad, y aunque normalmente son pequeños, los disfruto, me dan vida. Silencios que me alimentan.
Hay silencios que deseo. Cuando por la noche mi cerebro parece volverse loco y salta de un tema a otro sin ningún control, haciendo crecer mi angustia. Intento dejar fluir mis pensamientos, pero es que no fluyen, atropellan todo a su paso, y no encuentro el modo de hacerlos callar. Y si alguna vez lo consigo, suelen transmutarse en pesadillas con ruidos todavía más espeluznantes. Ruidos del alma, que me muerden. Pero en ocasiones llegan, y el agotamiento desconecta el desordenado crescendo con un suspiro de inconsciencia. Silencios que me alivian.
Hay silencios que amo. Cuando medito, cuando estoy en medio de la naturaleza, cuando un silencio espontáneo expresa más que un torrente de palabras. Son silencios largos, que busco, y a veces encuentro, silencios profundamente respirados, silencios llenos. Silencios que me llenan.
Hay silencios que odio, sí, odio, y ese sentimiento me duele profundamente. Son las calladas por respuesta, la mirada fija en un lugar que está fuera del tiempo y el espacio, inexpresividad, tensión, rigidez, y silencio. Intento tomarlos con calma, pero cuanto más se prolongan, y más se congela el otro en ese no lugar y ese no tiempo, y le veo convertirse en una nada que se autoabsorbe, más me irritan, e intento arrancar sonido de alguna parte, de alguna parte que no sea mi desesperación, ni la rabia que empieza a nacer en mis entrañas y explota por mi boca dejándome un sabor amargo y los labios del corazón desgarrados. Dejándome muy sola, añadiendo mi silencio turbio al silencio muerto del otro, deseando desaparecer, huir y confundirme con la noche, deseando apoyar mi mejilla sobre la luna plateada para sentir ese agradable frío que destila y apagar las llamas reprimidas y estériles de mi ansia. Silencios que me rompen.


(Actualización, que no tiene nada que ver: Pido disculpas a los usuarios no-blogger que hayan podido entrar este nuevo lugar y se hayan encontrado que no les dejaba comentar, no tenía ni idea de que esa opción venía en la configuración por defecto. Me acabo de dar cuenta y ya he rectificado. Gracias)

miércoles 9 de abril de 2008

La gata...zen??

Si alguien que no me conoce entra en este blog, igual piensa, por el nombre, que soy un ser pacífico y minimalista que está sentado en actitud contemplativa ante la vida. Los que me conocéis sabéis que nada más lejos de la realidad.
Y hoy, todavía más lejos.
Son las cinco y media de la madrugada y no puedo dormir.
Llegué a casa con una angustia horrible en el estómago y muy cerca del ataque de nervios.
Qué bonito es ser maestro! Y vocacional, y artista!
Aquí sírvanse poner un sonido de rugido estentóreo.
Hace un rato me reía como una loca poseída, de mí misma, diciéndole a mi marido: Ohhhh cóoomo me guuuuuuuuusssssta mi trabajoooo!!
Y es que me gusta, muchísimo. Pero a veces....
La responsabilidad, la toma de decisiones, las clases de tu a tu con alumnos-artistas, para colmo niños o adolescentes, cuya materia prima no es, en realidad, el cuerpo, ni la voz, sino el alma.
Mi implicación, que sé que es lo que me hace digamos... diferente, pero a veces me mata.
Quizás ahora debería ponerme a meditar, pero honestamente os digo que estoy convencida de que me convendría más ponerme un puching ball en un rincón de mi estudio y atizarle hasta perder el aliento y joderme los nudillos.
¿Pero por qué estás tan nerviosa? me decía Sergio. Y yo repetía como una letanía, entre suspiros: no lo se, no lo se, no lo se!. Hasta que se abrió la espita y empecé a vomitar motivos, como una locomotora, cada vez más alto, cada vez más rápido.
Aquí estoy, escuchando el canto de los pájaros que anuncian el amanecer, preguntándome por qué todo me afecta tanto, y por qué cuando me tengo que poner un poco "dura" con los alumnos me duele hasta el tuétano de los huesos.
Investigando cómo resolver problemas insolubles, porque no está en mi mano resolverlos, intentando averiguar cómo puedo conseguir que todo esto no me vuelva loca (más loca).
Como una gata (zen) que, por error, ha metido lo dedos en un enchufe. Encrespada y salvaje, agotada y en tensión.
Voy a tener que anular un compromiso que había adquirido para mañana (hoy) porque no voy a poder con ello. Porque también soy aficionada a comprometerme alegremente por todas partes, y luego se me amontona la faena.
Cuando me puse a fluir no contaba con que hubiera tantas rocas en el fondo del río, ni gente haciendo rafting en la superficie, entre gritos.
Si es que siempre funcioné bien en el caos, pero hay momentos en los que (vale, mamá, tenías razón, siempre la tuviste) hay que poner orden, y eso me supera.
Pero lo haré. Tengo que recordarme algo que leí en un libro hace poco: lo que los alumnos desean a menudo no coincide con lo que necesitan.
Y lo mismo reza para mí.
Amén.

sábado 5 de abril de 2008

Donde la vida nos lleva

Y me trajo aquí.
Una nueva etapa, un florecimiento, un nuevo lugar.
Antes me molestaban cosas como cambiar constantemente de blog, o no encontrar una única marca de colonia que ponerme.
Si algo he aprendido de verdad en mis últimas andanzas, y sobre todo a vuestro lado, yasabeísquién :) es que eso forma parte de mi esencia de eterna buscadora, y que luchar contra ello es un error doloroso.
Tanto buscar el dejar fluir, y resulta que mi estado natural es ese, que el estancamiento y el bloqueo no eran más que una desesperada oposición a mi propia naturaleza. ¿Por qué? Puedo buscar causas, ajenas y propias, pero pienso que ya no es importante.
Si el río está vivo, y fluye, es más que suficiente.